Cada mañana, antes de poner los pies en el suelo, cierra los ojos y recuérdalo a Él. Recuerda que Dios está ahí, que nos está escuchando y que nos ama.
Despierta plenamente al cuerpo, a Su presencia en tu interior, y recita Su nombre con amor. Si hacemos esto, Él pronto se revelará dentro de nosotros. Podrás sentir Su presencia.
