Esta semana, cada mañana al despertarnos, lo primero que vamos a hacer es sentarnos y reconocer que YO ESTOY sentado en la presencia de Dios.
agradecerle tan profusamente por mantenerme con vida durante la noche, al respirar dentro y fuera de mí, al hacer funcionar mi corazón, mis riñones y tropecientas funciones internas.
Permanecer plenamente consciente de que Él me está escuchando; estoy sentado en Su presencia; estoy sentado dentro de Él.
Y luego, cada mañana deberíamos estar tan llenos de alegría de que hoy voy a ser aún más humilde, más amable y más amoroso que ayer.
Permanecer despiertos durante todo el día. Cada vez que digamos alguna palabra dura a alguien o miremos a alguien de una manera desaprobadora o cualquier acto de falta de amabilidad y ego, debemos detenernos y pedir perdón a Dios y al alma de esa persona.
Nos sorprendería lo vivos que nos sentimos cada día y esa vitalidad está llena de alegría, llena de dicha y de embriaguez.
