Esta semana, nuestra práctica consiste en recordar durante todo el día que deseo establecer una relación amorosa y eterna con lo Divino.
Día y noche, recuérdelo a Él. Hable con amor a lo Divino en su interior, y nos sentiremos profundamente humildes, con los pies en la tierra, agradecidos y amorosos.
Si he establecido una relación amorosa y eterna con lo Divino, entonces no solo Él es mío ahora, sino que el mundo entero es mío. Dondequiera que mire, todo, todos parecen míos. Veo amor en mí mismo por todo, por todos... el mismo amor que siento por lo Divino. Esto se debe a que se trata del estado de conciencia.
Si lo Divino es mi amado, el mundo entero es mi amado. Si no tengo ninguna relación con lo Divino, es seguro que nunca podré tener ninguna relación amorosa con nadie afuera porque no hay amor en mi conciencia. Y el amor se recibe de Él.
Debemos asegurarnos de permanecer en el mismo estado de conciencia cada vez que miremos hacia afuera o hablemos con alguien. A medida que meditamos, nuestro estado de conciencia se transforma automáticamente, haciéndonos más humildes, amables y amorosos.
