Episodio 13

Humildad, Bondad y Amor: La Verdadera Riqueza

Humildad, Bondad y Amor: La Verdadera Riqueza

Waheguru.

Lo Divino ha creado este cuerpo humano y este cuerpo humano es una yegua y lo Divino está montando la yegua. Él está siempre con ella.

Lo Divino está montando esta yegua, Él ha venido a casarme y sacarme del mundo. Estoy viviendo en el mundo, y Él ha venido a casarme y llevarme fuera del mundo hacia Su mansión.

El propósito de la vida; que hemos sido arrojados a este mundo, el mundo de los deseos, sufrimientos, dolores, inseguridades, miedos, todo eso, y Él está aquí, ya aquí, para casarnos.

Es el poder Divino mismo, el que está danzando en el corazón. Reconozcamos, nosotros nunca reconocemos esta bendición Suya, la bendición del cuerpo humano, la conciencia humana.

Todos son, cada cuerpo es invaluable, porque es la morada de lo Divino, es el templo de lo Divino, es el templo viviente de lo Divino, desde donde lo Divino puede ser realizado.

Este mismo cuerpo es el mismo lugar donde podemos encontrarnos con Dios. En ningún otro lugar de todo el universo. ¿Qué valor puede poner cualquiera sobre esto, que aquí es donde podemos encontrarnos con Dios, donde podemos saber quién soy? Por favor, siente el cuerpo.

Esta carta de Melbourne, Australia, dice que: «Después de largas oraciones y de rogar a lo Divino, ahora soy capaz de escuchar la danza del corazón. Y, cuando escucho la danza del corazón, siento que el tiempo se ha detenido. Y he entrado en algún mundo, tan hermoso».

Como un río corre día y noche hacia su Amado, su fuente, el océano. Ella está tan agradecida con su fuente, que Tú me hiciste ver el mundo.

Tú me hiciste ver las montañas, Tú me hiciste ver las llanuras, Tú me hiciste ver Tu creación.

El río está tan agradecido, y corre hacia su fuente día y noche, quiere sacrificar su ser, quiere disolverse a sí misma en su Amado, su fuente. Disolverse en Él, perder su identidad.

Despertamos en la santa congregación y la sabiduría en nosotros surge. Esa sabiduría que siente nuestro interior, esa sabiduría que siente el corazón danzante.

Entonces, haciendo más y más y más Simran*, llegamos a un estado donde reconocemos que es lo Divino a quien he estado llamando «yo». Y esta transformación ocurre en la santa congregación.

Y en la santa congregación nos enamoramos de lo Divino, así como el río se ha enamorado. Caído. Por eso está fluyendo hacia los niveles más bajos, porque ha caído.

El río se ha enamorado del océano, así que se está moviendo hacia terrenos más bajos. Así que nosotros también nos enamoramos de lo Divino. ¿Cómo? Volviéndonos humildes. Es la humildad en nosotros la que se une con lo Divino y hace que nos enamoremos de Él. Humildad, bondad y amor; cuando todos se juntan.

En esta mansión, a la que llamo mi cuerpo, el Señor del Universo está sentado allí. Despertamos, solamente a través de la meditación, mientras mantenemos el nombre de lo Divino en nuestra conciencia. Mientras permanezcamos en pensamientos, nuestra conciencia está vagando por todas partes. No hay posibilidad para nosotros de saber quiénes somos, porque no estamos lo suficientemente quietos para saber quiénes somos.

El río que corre tiene que caer en el océano, para saber… Cuando se vuelve pacífico allí, entonces sabe que «yo era lo mismo que el océano. El océano está hecho de agua, yo también». Solamente cuando ella se volvió quieta. La meditación nos despierta.

Nuestra mente habita en el punto del ombligo. Los pensamientos vienen en la frente, pero el asiento de la mente está en el punto del ombligo, así que cuando estamos preocupados, ansiosos, puedes sentir la tensión en el punto del ombligo.

La mente está tensa, la tensión está en el punto del ombligo. Así que tenemos que liberarnos de las manos de la mente.

Por un lado estamos luchando con la mente para liberarnos, y por otro lado, estamos hablando tan amorosamente con nuestra mente. «Oh, mente mía, mi mente tan hermosa, querida, ven al momento, ven al presente, en el presente nos encontraremos con nuestro Amado».

Cantar es tan importante. Al igual que la meditación, el Simran, cantar también elimina los bloqueos en la calle del presente, que la mente ha creado con tensión.

«Oh, mente mía, vamos a la calle del presente, allí somos bendecidos con la vida. Ahí nos hacen despertar. Y lo Divino nos purifica, nos impregna con Su amor, nos adorna con hermosas virtudes de humildad, bondad.

Vamos a la calle del Ishq*, hagamos nuestra casa allí, en la calle del presente».

Lo que uno tiene, y lo que uno no tiene, no tienen absolutamente, absolutamente nada que ver con despertar y reconocer que «yo soy el tesoro de todas las bellezas, de todas las verdaderas riquezas».

Se supone que debemos usar sabiamente aquello con lo que hemos sido bendecidos, aquello con lo que Él nos va a bendiciendo, y aquello con lo que Él nos va a bendecir. Incluso las cosas mundanas, se supone que debemos usarlas sabiamente.

Quién tiene una casa más grande, un coche más grande, una cuenta bancaria más grande, no tiene absolutamente nada que ver con la belleza de la vida. Esas cosas nunca nos hacen pacíficos, quietos. Nunca nos hacen humildes, nunca nos hacen amorosos, nunca nos hacen bondadosos. Ocurre lo contrario.

«¿Quién es más grande, aquel que tiene más riquezas mundanas?» … «¡No! El que está unido con Dios, ese es el más grande».

Ser grande en la vida no es tener esas cosas mundanas. Ser grande significa volverse lo suficientemente quieto para reconocernos a nosotros mismos y reconocer que este es el que…

La importancia en la vida humana es ser humilde, bondadoso y amoroso. Esta es la cosa importante. Estas son las cosas grandes en la vida. No las casas grandes, ni los coches grandes ni las grandes sillas (nota: “silla” aquí significa posiciones de poder mundano, por ejemplo, en oficinas gubernamentales o en empresas). No, no.

Estamos en el camino para fusionarnos con Dios, ahora tenemos que trabajar, porque esta oportunidad ocurre una vez en muchas vidas. Y requiere todo de nosotros, todo de nosotros mismos.

Tendremos que cambiar nuestros hábitos, nuestras prioridades, porque estamos escalando una colina tan empinada.